Blog

  • El liderazgo en tiempos del COVID

    El liderazgo en tiempos del COVID

    Desde hace tiempo tenía en mente tratar en un artículo el tema de qué es el verdadero liderazgo.

    Puede sonar algo obvio. Lo sé. El líder siempre es el mejor, el número uno del grupo, el que “manda” y da las órdenes. Aunque, la verdad, esa definición no me gusta. Y, desde luego, no refleja aquello que por experiencia y conocimiento creo que son las cualidades que definen a quien realmente ejerce un auténtico liderazgo.

    Ya sabemos que a andar se aprende andando, a nadar nadando y a hablar hablando. Así que, aplicando la analogía, a liderar se aprende liderando. Primero a uno mismo y luego a los demás.

    Es decir, cayéndote y levantándote. Tragando agua, dando unas brazadas y saliendo a flote. Y, cuando estás un tanto perdido, desanimado o desalentado pero sabes que tienes que liderar a un equipo, por pequeño o grande que sea (tu familia, tu empresa o a ti mismo) parándote un rato a pensar. Buscando ayuda. Meditando o rezando (los que tenemos Fé). O, dándote un pequeño homenaje. Y, volviendo a comenzar, poniendo esta vez el foco en uno o varios objetivos concretos. Confiando, tomando decisiones y pasando a la acción. Por supuesto, mira, reflexiona y actúa. Y, después, haz examen interior y pregúntate, ¿qué tengo que hacer “hoy”? (no mañana, sino hoy). Y, sobre todo, concluye encontrando tu “para qué”. Es decir, el sentido de lo que vas a hacer. Porque, no hay buen líder sin un buen examen interior.

    Aprender a liderar

    Lo curioso es que si a liderar se aprende liderando, la palabra clave aquí no es liderar sino ”aprender”.

    Y, llegado a este punto igual me dirías… Juanma, ni Karol Wojtyla (San Juan Pablo II), ni José Mª Escrivá (San Josemaría), ni Agnes Gonxha Bojaxhiu (Santa Teresa de Calcuta), asistieron a ningún tipo de curso de liderazgo. ¡Y fueron grandes líderes, además de santos! Y, tampoco, Mandela ni Martin Luther King tuvieron tiempo. El primero, porque pasó 27 años en prisión y el segundo porque murió asesinado bien joven, por cierto. Y te respondería: tienes razón.

    Todos ellos, a fecha de hoy, siguen inspirando hoy a millones de personas y continúan siendo grandes líderes. Entonces, ¿cómo aprendieron? Yo diría que en la escuela de la vida. Con esfuerzo, tesón, compromiso, generosidad y entrega. Haciendo examen y sacando conclusiones para, después, pasar a la acción.

    Liderazgo en días del COVID-19

    La situación vivida debido al Coronavirus y la enfermedad que provoca, el COVID 19, está condicionando todos los aspectos de nuestra vida. Esta patología que, parece haber venido para quedarse, nos ha hecho comprender en un instante nuestra fragilidad. Además de traernos el teletrabajo, la mascarilla y el distanciamiento social.

    Vaya por delante que la prevención es esencial. Pero, para liderar, además de la prevención y el sentido común, hacen falta líderes que den un paso al frente. Que sean un poco o muy locos, pero locos por amor.

    No sé qué pensarán desde el Cielo el famosísimo San Roque, San Carlos Borromeo, San Luis Gonzaga o San Pedro Damián, todos ellos, y no son los únicos, cuidadores y contagiados por la terrible peste negra o la lepra en el último caso. O los pequeños santos portugueses de Fátima Francisco y Jacinta Marto, víctimas de la denominada “gripe española”, que se llevó por delante a entre 50 y 100 millones de personas.

    ¿Qué pensarán todos los héroes que despreocupándose de su vida la entregaron para tratar de salvar otras vidas?

    ¿Y los sanitarios y sacerdotes, que, libremente y, por propia decisión, volvieron a los hospitales sin necesidad de hacerlo y han muerto por el COVID?

    ¿Eran o no eran líderes?

    ¿Se quedaron en su casa? ¡No! Al contrario, como buenos líderes dieron un paso al frente.

    Entonces y viendo estos ejemplos, es fácil hacernos una pregunta. ¿Cómo lideramos en tiempos de COVID? Podría enumerar una larga lista de atributos y hasta escribir una tesis sobre el “nuevo liderazgo en la nueva normalidad”. Pero, sinceramente, y con todo respeto ni creo que haya nuevo liderazgo, ni creo que haya nueva normalidad. Siguen existiendo el liderazgo y las condiciones en las que se ha de ejercer ese liderazgo. Condiciones que, en cada momento de la historia de la humanidad, han tenido su contexto y características propias.

    Liderazgo y teletrabajo. ¿Es posible?

    Ahora, hemos descubierto una nueva forma de actividad laboral: el teletrabajo, que facilita muchas cosas y cambia otras. Por lo tanto, hay que liderar también a través de él.

    Y, con todo respeto, el teletrabajo, como tal, ha existido, con variantes, siempre. En toda la historia de la humanidad. Que se lo digan a la Madre Teresa de Calcuta que, mediante carta va y carta viene, lideraba la expansión de la Orden de las Misioneras de la Caridad. O a San Ignacio de Loyola que, de igual manera, organizaba a los jesuitas en el mundo entero y dirigía la expansión de la Orden y a San Francisco Javier en la India.

    ¿Qué era aquello? ¿Trabajo presencial o trabajo en remoto?  Está claro que era muy en remoto y había que escribir (acción) la carta; esperar (paciencia) a que llegara, si llegaba; iluminar y conseguir una libre adhesión (interpelación directa) a lo que en la carta se decía.

    El líder, inspira, transmite y hace que otro le siga. Y, por si fuera poco, el líder sin pasar desapercibido hace que los otros brillen. ¡No hay más que ver la ristra de santos que cada santo deja tras de sí! No se trata de manipular, que a estos, a los manipuladores, se les pilla siempre, sino de convencer.

    Pero de convencer con pasión. El líder propone pero no impone. Y parece que nuestros santos convencían “en remoto” y, además, sin correo electrónico ni conexión a “terminal server”. Tampoco usaban “big data”. Lo que sí parece claro es que tenían sentido común, conexión emocional y vocación de servicio. Además tenían también una “determinada determinación”, que, según Santa Teresa de Jesús, consiste en que cuando hay que tomar una decisión se toma y punto. Y como no había tanta tecnología desarrollaban “olfato” y agudizaban la vista y el oído. Puede sonar un tanto duro en esta sociedad posmoderna y “light pero era así…¡y funcionaba!

    El “nuevo” liderazgo

    Dicen algunos “entendidos” que lo que ahora cambia es que la tecnología lo ha cambiado todo. Y, que en esta nueva normalidad que vivimos distanciados unos de otros, el liderazgo lo hemos de ejercer de forma muy rápida y en un entorno situado fuera de nuestra zona de confort.

    Aislemos estas dos cuestiones: “muy rápida” y “fuera de nuestra zona de confort”. Sinceramente creo que no ha existido, ni existe, ni existirá un solo líder que lidere desde su zona de confort. ¡Ninguno!

    Así que sólo nos queda lo de ultra rápido. Ciertamente, las tecnologías, no sólo el teletrabajo,  han hecho que ahora tengamos que movernos todos a una rapidez vertiginosa. Esto es un hecho y hay  que liderar en este contexto. Ultra rapidez y menor contacto social y personal directo. Pero, no olvidemos que, esto último, es una circunstancia, un contexto, en el que movernos. No una cualidad del líder.

    Por otra parte, quizá me atreva a reclamar que, siendo cierto que hemos de tomar decisiones con rapidez, no es menos cierto que esas decisiones se han de tomar con sentido y con un objetivo claro. Y en ocasiones, cuando las decisiones del líder afectan a cuestiones importantes (estratégicas)… incluso, hay que detenerse.

    Por tanto, queda claro que dirigir personas es todo un arte. Y el teletrabajo cambia algunas cosas pero no todas, ni mucho menos. Coincido con el profesor Carlos Rodríguez Lluesma, en que en el teletrabajo, puede acentuar las diferencias de poder en un equipo. Que la falta de conexión física, de poder mirarnos a los ojos y de tomarnos un café juntos en una pausa, pueden hacer surgir lo que se llama “errores de atribución”. Ya que el punto de vista, como actor y como espectador, es diferente.

    El verdadero liderazgo. Sus 10 cualidades imprescindibles

    Existen cualidades básicas del verdadero liderazgo, que son atemporales y, entre ellas, destaco estas:

    #1 – Sale siempre de su zona de confort

    Si, como líder, está muy cómodo y no siente hormigas en el estómago, algo está fallando y se hace necesario salir de ahí con urgencia.

    #2 – Ama a las personas

    A uno mismo y a los demás. Es amable y practica la amabilidad. Si estoy con alguien, ese alguien es único para mí en ese momento. No hay nadie ni nada más.

    #3 – Transmite pasión

    Ama lo que hace, se entusiasma porque ama. Y ama porque sabe que lo que tiene que hacer tiene sentido. Sabe cuál es su para qué.

    #4 – Brilla y, sobre todo, hace brillar

    Hace crecer a las personas y las inspira. Alaba en público y reprende en privado.

    #5 – Confía y otorga confianza

    Delega de verdad. Ayuda cuando es necesario pero sin presionar al subordinado. Deja que la persona encuentre soluciones y le deja margen de actuación en libertad.

    #6 – Actúa y toma decisiones

    Una vez decidida la “determinada determinación” se actúa. Enarbola la bandera y si cae, cae el primero. No se lava las manos ni echa balones fuera.

    #7 – El miedo no le paraliza

    Se sobrepone. Piensa en positivo y se deja sorprender, transmite optimismo, es realista y sabe que cuenta con los mejores.

    #8 – Es persistente y tiene un punto aventurero

    Le gusta la aventura. Tiene la capacidad de cometer errores y levantarse. Detecta la equivocación cuando se comete y explora nuevas vías. Tiene claro que no es lo mismo ser cabezón que persistente.

    #9 – Lee y aplica lo aprendido

    Estudia, aprende, resume, piensa, interioriza, actúa.Si no lo aplica o lo intenta se frustrará. Y si actúa y se equivoca, volverá a empezar.

    #10 – Es humilde y generoso

    Si algo sale bien atribuye el mérito al equipo, nunca a sí mismo. Y si sale mal asume él la responsabilidad, pero salva a su equipo.

    En contraposición está el “mal líder” que se identifica por ser, ante todo, un manipulador. Pero de esto podemos hablar en otra ocasión.

    Cuando un líder interactúa con las personas de su equipo es posible que no lo pueda hacer de forma presencial. Pero, si está volcado en un proyecto que comparten y suscita adhesiones, sabrá cómo interactuar con ellas, cómo se encuentran, cuáles son sus dificultades y expectativas. Y, desde luego, provocará el encuentro personal, que es de lo que se trata.

    Entonces, para ir concluyendo, ¿cómo cambia el liderazgo el COVID 19? Yo diría que no mucho. El liderazgo, en tiempos de pandemia, sigue siendo un liderazgo de personas, con personas y para personas. Así de simple, pero así de complejo.

    Te invito a contactar conmigo si necesitas ayuda para liderar equipos profesionales, familiares o, incluso, a ti mismo. El verdadero liderazgo es más que posible. Y, si te lo propones, no será una pandemia la que te impida realizarlo.

  • La trompeta y la moto

    La trompeta y la moto

    Pensar en el otro es algo que todos tenemos entre nuestros propósitos. Pero que no siempre ponemos en práctica. Bien porque no damos con la clave para hacerlo. O, porque nos resulta un esfuerzo realmente complejo de poner en práctica.

    Para explicarte a qué me refiero, te voy a contar una historia. “Real”, para más señas.

    Este año, sus majestades los Reyes Magos iban a pasar por la terraza de nuestra casa cargados de regalos. Para ese gran momento, la decoración de la terraza incluía un árbol de Navidad, un tren que rodeaba al árbol y que echaba humo y pequeñas casitas iluminadas. Como dice mi mujer: “un primor”. El objetivo de este impresionante despliegue navideño no era otro que triunfar en cuanto lo viesen los nietos (de dos años y medio cada uno).

    Pensar en el otro [Primer acto]

    Y, llegaron los nietos en Navidad. Nada más aterrizar, mi mujer se apresuró a enseñarles la terraza, iluminada como en un cuento de hadas. Todo muy chino. Pero, perfecto, a priori, para que los nietos abrieran los ojos como platos. No sin esfuerzo, mi mujer y yo, nos tiramos al suelo, apagamos la luz e iluminamos sólo la terraza. Nuestros nietos salieron a dicha terraza y, sin más miramiento, preguntaron: ¿y la moto?

    La moto, en cuestión, es un corre pasillos de plástico que está siempre allí. Que, además, nos regalaron usado. Y, con el que se lanzan, pasillo arriba y pasillo abajo, hasta chocarse con las puertas.

    Mi mujer, impertérrita, les enseñaba las luces del árbol, el tren echaba humo, las casitas iluminadas… ¿Y la moto?, volvían a preguntar.

    Tras semanas de preparación, compras compulsivas y un uso desmesurado de una “tarjeta VIP” (que yo creo que tiene mi mujer en los bazares chinos), la respuesta de los nietos era ¿y la moto?

    Porque la moto no estaba. O, mejor dicho, no estaba en su sitio. Es decir, en la terraza.

    Pensar en el otro [Segundo acto]

    Una vez resignados a que lo que querían nuestros nietos era la moto, y un tambor de la tamborrada donostiarra, que reclamaron también insistentemente, nos fuimos preparando para el Día de Reyes.

    Como era de esperar, los niños se habían portado bien y el día 6 mi mujer y yo, junto con los padres de las criaturas, estábamos más nerviosos que los peques. Y ya, a las siete de la mañana, fuimos despertados  por un rumor de pequeños pasos acompañados de pequeños portazos que implicaba el toque de diana.

    Acudimos raudos y, llenos de sorpresa (nosotros) apreciamos el espectáculo. En cada zapato había multitud de regalos. Cuando lograron romper los papeles de los envoltorios fueron descubriendo un tren con piezas de madera, estación incluida. Un par de helicópteros de rescate, con todo tipo de bocinas, utensilios y figuras. Espadas galácticas. Pinturas. Libros de cuentos con sonidos. ¡Una maravilla!

    Pero, uno de los Reyes Magos había traído también dos trompetas de plástico. Una verde y una roja, de las de mercadillo de toda la vida. De las que, nada más soplar, hace un estridente “tuturutú, tuturutú…”. ¡Ahí fue el acabose!

    Porque, ni trenes, ni estaciones, ni helicópteros de rescate, ni ropa… ni gaitas. El día 6 de enero, lo pasamos entre el “tuturutú” de las trompetas y el rataplán de los tambores. Junto a las trompetas, el Rey Mago había dejado una notita previsora que decía: “He pensado en los niños…”.  

    El Rey Mago, creemos que fue el inefable Baltasar pero no estamos seguros, había pensado en los niños. Y, de aquí, me surge un mensaje, reflexión.

    Tú, y yo, cuando hacemos algo para los demás… ¿En quién pensamos? ¿En el prójimo? O en lo bien que vamos a quedar.

    La importancia del pensar en tu prójimo

    Aquí está el meollo del asunto. Hagamos lo que hagamos, podemos hacerlo para nuestra propia satisfacción o para la satisfacción del destinatario. Es verdad que, en ocasiones, no es fácil deslindarlo. Pero, si nos esforzamos un poco, con algo de práctica, encontraremos siempre aquello que, de verdad, es un regalo para el otro. No para uno mismo.

    Y es que hay ocasiones en que lo que hacemos, o lo que regalamos, nos hace a nosotros quedarnos satisfechos. Por no hablar del “regalo” para el otro que, en realidad, es para uno mismo. Por ejemplo, piensa en un buen libro que regalas a tu cónyuge pero que, en realidad,  quieres leer tú. ¿Te ha pasado? A mí muchas veces. Y, normalmente, te acaban pillando.

    Por eso… ¿qué te parece si nos ponemos deberes?

    Si es verdad, y lo es, que se encuentra mucha más satisfacción en dar que en recibir, piensa en si cuando “das” estás pensando en el bien del otro o en tu propia satisfacción.

    La línea que separa nuestra propia vanagloria de la satisfacción y bienestar del prójimo es muy sutil y tenemos que estar atentos. Si, realmente, te importa el prójimo, tu mujer, tu marido, tus hijos, tus nietos, tus amigos, tus compañeros de oficina, las personas con quienes interactúas habitualmente… cuando vayas a “regalar” algo de ti mismo, sea tiempo, dinero o cosas, piensa en el bien que eso puede hacerle al otro. No a ti.

    Así que, ¡ponte en su lugar!

    Te animo a que hagas como en las películas de espías e interrogatorios policiales. Piensa como el “criminal”. ¿Qué haría? ¿Cómo actuaría? ¿Qué le motiva? ¿Qué le desmotiva? ¿Por qué actuaría así? Y, sobre todo, ¿para qué lo haría?

    Busca sus conexiones. Cuando lo hagas, acertarás de pleno. Pero, bucea bien en tu interior para encontrarte a ti mismo. Descartar aquello que sólo te satisface a t. Y encontrar en “ese” (tu interior) al “otro”. Cuando lo sepas, olvidándote de ti mismo, regalarás aquello que esa otra persona quiere realmente.

    Por supuesto, después, actúa. ¡Haz ese regalo! Y recuerda que el obsequio no tiene por qué ser una cosa. A continuación, entabla diálogo con la persona. Mediante el diálogo, llegarás al encuentro. Y, tras el encuentro, llegarás al nosotros.

    No dudes en ponerlo en práctica y, después, si quieres, me cuentas tu experiencia. Y, por supuesto, si tienes cualquier duda o necesitas ayuda para lograrlo de forma eficaz… ¡aquí me tienes!

    Y, recuerda el mensaje del Rey Mago: “he pensado en los niños”.

  • La importancia de tener un propósito en la vida

    La importancia de tener un propósito en la vida

    Tener un propósito en la vida creo que es algo no solo importante para cada persona sino fundamental. Porque, permite a focalizar nuestro objetivo vital. A la vez que nos sirve de “brújula” que nos indica el camino a seguir para lograrlo.

    Para mi, ese tener un propósito en la vida tiene mucho que ver con leer a los clásicos. Te resulta extraño lo que digo, ¿verdad?

    Te contaré de donde viene esta afirmación.

    Lee a los clásicos

    Como muchos saben, soy un lector empedernido y tengo una gran cantidad de libros en casa. En ocasiones, según leía algunos de ellos (sobre todo novelas “best seller”) tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo. Ante esta idea, dos personas muy cercanas coincidieron en sus sugerencias

    “Lee a los clásicos”, me propuso el primero. Un hombre muy culto. Catedrático de instituto de Literatura, que había sido Director de Cultura del gobierno de una comunidad autónoma. Y, persona de una trayectoria personal, familiar y profesional intachables. De lo que ya no hay, que diría mi abuela.  

    La otra persona con quien comenté el asunto me dijo esto. “Lee algo que merezca la pena. Dios nos ha dado una vida para hacer el bien y ocupar nuestro tiempo al servicio de los demás. No lo malgastes, que, en esta tierra, es finito”. Esta persona. era un cura de pueblo. Ahora, es un buen y conocido obispo.

    Lo que ambos me estaban diciendo, sin ser explícitos es: intenta tener un propósito en tu vida.

    Tras bastante tiempo, porque soy un tanto espeso y duro de mollera, les hice caso. Porque eso de “lee a los clásicos” no significa pasarte la vida devorando La Ilíada o La Odisea, de Homero (que no está de más). Sino leer a aquellos autores que han sobrepasado los límites de la moda. Leer a quien ha escrito algo que ha perdurado en el tiempo. Que constituye un estímulo para quien lee.

    Por supuesto, leer las obras de alguien del que puedas extraer conclusiones que te hagan mejor persona. Y que, a su vez, puedan ayudarte a transmitir experiencias vitales que ayuden al prójimo.

    Como ves, leer a los clásicos es, en general, darte una ducha de realismo y sentido común. Aprendes a establecer prioridades y a volverte más confiado. Porque, lo que de verdad le preocupa al hombre ha sido ya más que estudiado a lo largo de la existencia humana. Si te vuelves más confiado, te vuelves más sencillo. De forma que, puedes volver a hacerte niño. Y, también, a pensar en los demás.

    Lo que como coach aprendí de G.K. Chesterton

    Uno de los clásicos, transgresor, arriesgado, fustigador de lo políticamente correcto, en su tiempo y en el nuestro, es G. K. Chesterton. Precisamente, estoy ahora leyendo “Lo que está mal en el mundo”. ¡Pues sí que empiezas bien como coach!, pensará más de uno. ¡Vaya pedazo de infusión negativa! ¿Y tú eres coach?, dirá otro.

    Y sí, soy coach. Transgresor y empedernidamente optimista. También soy quejica (un defecto que tengo que pulir). Y mentalmente fuerte (o sea que los bajones me duran poco). Diría que soy “achampañado”. Exploto rápido y vuelvo a la calma con la misma velocidad. Y me gusta aplicar el sentido común y hablar claro para que se me entienda.

    Pues bien, en esto me declaro seguidor de G. K. Chesterton. Y es que, en nuestro tiempo, como en el suyo, buscar el sentido común es ser transgresor. Lo bueno de leer a Chesterton es que, de golpe, te metes en un spa de sentido común. Un spa en el que te bañas, te relajas, piensas. Un spa en el que puedes meditar y del que, si quieres, incluso, sacas conclusiones.

    Una de las cuestiones que reclama Chesterton es el libre pensamiento y el sobrepasar los apriorismos o los prejuicios. ¡Ha blasfemado!, afirmará alguien, rasgándose las vestiduras como Caifás ante Cristo, como un actual sumo sacerdote. Indicando que, en una democracia como la nuestra, es posible expresar lo que deseas.

    Desde luego es posible, como también es posible que, muy “democráticamente”, se te crucifique sin compasión por tus creencias, buscando, cuando menos, tu ruina personal y económica.

    Tener un propósito en la vida para mirar al futuro

    En Coaching, se nos dice constantemente que, desde el presente, hay que mirar hacia adelante y, además, hacia arriba. El pasado ya ha pasado y no hay vuelta atrás.

    Pero, el problema es que el pasado está ahí. Condiciona, muy a menudo, nuestro presente y puede hacer que interfiera en el “supuesto futuro”. Digo supuesto porque, como es futuro, aún no ha llegado.

    Y, aunque es cierto que hemos de mirar hacía adelante y hacia arriba, no es menos cierto que tenemos que aceptar el pasado. Y, muy importante: en muchas ocasiones, sanar.

    En otras, dado el desordenado y lamentable presente de algunas personas, solo con que volvieran a un pasado mejor, más pleno y ordenado, ya sería un gran avance. Pero, como ya no se puede volver al pasado, tenemos que restaurar ese pasado en el presente mirando hacia el futuro.

    Pues bien, esto es justamente a lo que se refiere Chesterton cuando señala en su libro: “Como he dicho, esta es la primera libertad que reclamo: la libertad de restaurar”. Y para demostrarlo desmonta los falsos mitos de los modernos (ahora serán los posmodernos): “Hay una metáfora que gusta mucho a los modernos. Siempre están diciendo que no puedes hacer que el reloj marche hacia atrás. Pero, la respuesta simple y obvia es: se puede. Un reloj, como es una pieza de construcción humana, puede volver a ponerse mediante un dedo humano en cualquier cifra u hora. Del mismo modo, la sociedad, al ser una pieza de construcción humana, puede volver a recomponerse según cualquier plan que haya existido con anterioridad”.

    Reconstruirse desde la plenitud

    Añadiré que el ser humano, se va construyendo en plenitud. En el encuentro con los otros. A partir del diálogo abierto consigo mismo y con los demás.

    Puede reconstruirse de acuerdo con un plan previo. Por ejemplo, con el plan previo de Dios para cualquier ser humano. Así que termino con otra metáfora que refuta Chesterton: “Según hayas hecho tu cama, así tendrás que acostarte en ella. Lo que vuelve a ser sencillamente otra mentira. Si he hecho mal mi cama, puedo volver a hacerla”.

    Así que ya ves. El mensaje de nuestro amigo Chesterton es, como el de Cristo, muy sencillo: no te desesperes y arregla lo que está mal en tu vida.

    Si tu vida pasada era un desastre, no tiene por qué seguir siéndolo.

    Si sientes que tu situación actual es un sinsentido, no tiene por qué seguir siéndolo.

    Para. Piensa. Y comienza de nuevo.

    Te propongo utilizar el sentido común. Actualmente escaso. Pero, por eso mismo, muy de actualidad.

    En conclusión: sé tú. Pero, siempre, procura tener un propósito en tu vida. Y, si te resulta difícil lograrlo por ti, busca ayuda y déjate ayudar. ¡No lo dudes!