FAQ

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Preguntas frecuentes

Laberinto

«Hay preguntas que parecen sin salida hasta que alguien te ayuda a encontrarla.»

Quizá aquí encuentres respuesta a algunas de las preguntas que suelen plantearme quienes se acercan por primera vez al acompañamiento.

Y si no encuentras la respuesta que buscas, estaré encantado de conversar contigo.

Porque todo acompañamiento comienza siempre del mismo modo: con una conversación sincera entre dos personas.

¿En qué se diferencia el acompañamiento de la psicología o la psicoterapia?

La psicología y la psicoterapia son disciplinas sanitarias orientadas al diagnóstico y tratamiento de trastornos mentales, emocionales o conductuales.

El acompañamiento que ofrezco no es terapia ni psicoterapia. Trabajo con personas, parejas, familias y equipos que atraviesan momentos de búsqueda, cambio, dificultad o necesidad de claridad, pero que no presentan una patología que requiera intervención clínica.

No diagnostico ni trato trastornos mentales. Mi trabajo consiste en caminar junto a la persona, ayudarla a comprender mejor su realidad, ordenar su pensamiento, discernir y tomar decisiones desde una mayor conciencia, libertad y responsabilidad.

¿Puede el acompañamiento ayudar a sanar heridas, sufrimientos o momentos difíciles?

Sí.

Muchas personas llegan con heridas provocadas por pérdidas, conflictos familiares, rupturas, dificultades relacionales, crisis vitales, sentimientos de vacío o falta de sentido.

A través del diálogo, la escucha profunda y el encuentro personal, el acompañamiento puede ayudar a comprender mejor lo que se está viviendo, integrar experiencias dolorosas, recuperar la esperanza, encontrar nuevos caminos y fortalecer los propios recursos personales.

Entiendo el acompañamiento como un proceso de cuidado de la persona en toda su realidad: afectiva, relacional, familiar, profesional y, para quien así lo desee, también espiritual.

Ahora bien, este acompañamiento no sustituye la labor de psicólogos, psiquiatras ni otros profesionales sanitarios. Cuando una situación requiere intervención especializada, lo adecuado es acudir a los profesionales correspondientes. Y cuando detecto circunstancias que exceden mi ámbito de actuación, mi obligación es recomendar esa derivación.

¿Se trabaja sobre el pasado o sobre el futuro?

El acompañamiento parte siempre de la realidad actual de la persona.

En ocasiones es necesario comprender acontecimientos del pasado para entender mejor lo que se vive en el presente. Sin embargo, el objetivo principal no es permanecer anclado en lo ocurrido, sino ayudar a la persona a orientarse hacia el futuro con mayor claridad, libertad y sentido.

Trabajamos desde el presente para construir posibilidades de futuro.

¿Es lo mismo que el coaching?

Existen puntos de contacto, pero también diferencias importantes.

El coaching suele centrarse principalmente en objetivos, rendimiento, desempeño o resultados concretos.

Mi forma de acompañar busca ir más allá de los objetivos para atender a la persona en su conjunto: quién es, qué está viviendo, qué sentido encuentra en su realidad y hacia dónde desea orientar su vida.

No me interesa únicamente qué quieres conseguir. También me interesa quién quieres llegar a ser.

¿Tiene base religiosa? ¿Tengo que ser católico para trabajar conmigo?

Mi visión del acompañamiento tiene profundas raíces en la antropología cristiana y está influida por autores como Viktor Frankl, Edith Stein, San Juan Pablo II, Xosé Manuel Domínguez Prieto y otros pensadores humanistas.

Personalmente soy católico y practico mi fe. Forma parte de mi identidad y no lo oculto.

Sin embargo, no es necesario compartir mis creencias religiosas para beneficiarse del acompañamiento. He trabajado y trabajo con personas creyentes, agnósticas y no creyentes.

Lo importante no es pensar igual, sino venir con respeto, sinceridad y disposición para trabajar honestamente sobre la propia realidad.

¿Es dirección espiritual?

No.

La dirección espiritual y el acompañamiento comparten elementos importantes, como la escucha, la confianza y el diálogo. Sin embargo, la dirección espiritual está orientada principalmente al crecimiento en la vida de fe y en la relación con Dios.

En el acompañamiento que realizo, la responsabilidad de las decisiones corresponde siempre a la persona acompañada. Mi función no consiste en decirle lo que debe hacer, sino en ayudarle a comprender mejor su realidad, ampliar su mirada y tomar decisiones más libres, conscientes y responsables.

La dimensión espiritual puede aparecer cuando la persona lo desea, pero no constituye la finalidad principal del acompañamiento.

¿Para quién es este acompañamiento?

Para personas que atraviesan momentos de cambio, incertidumbre, sufrimiento, pérdida o búsqueda de sentido.

Para quienes necesitan detenerse, ordenar ideas, tomar decisiones importantes o afrontar situaciones complejas con mayor claridad.

Para parejas, matrimonios, familias y personas que desean comprender mejor lo que están viviendo y avanzar con mayor serenidad y responsabilidad.

También para directivos, equipos, organizaciones y empresas que desean mejorar la comunicación, fortalecer la confianza, afrontar conflictos, clarificar su propósito o construir culturas organizativas más humanas y sostenibles.

Mi experiencia profesional durante décadas en el ámbito empresarial me ha enseñado que los problemas de las organizaciones rara vez son exclusivamente técnicos. Detrás de los procesos, los resultados y las estrategias siempre encontramos personas, relaciones, liderazgos y modos de trabajar juntos.

¿Para quién NO es este acompañamiento?

Este acompañamiento no es adecuado para quien busca respuestas mágicas, soluciones instantáneas o alguien que le diga exactamente lo que tiene que hacer.

Tampoco sustituye la atención psicológica, psiquiátrica o médica cuando ésta resulta necesaria.

El acompañamiento exige honestidad, implicación personal y voluntad de trabajar sobre la propia realidad. Si no existe un mínimo compromiso con el proceso, difícilmente podrá dar frutos.

¿Qué hace exactamente un acompañante durante una sesión?

Escucha, pregunta, ayuda a clarificar, confronta respetuosamente cuando es necesario y acompaña los procesos de reflexión y toma de decisiones.

A veces ayuda a descubrir aspectos que la persona no está viendo, señala incoherencias entre lo que piensa, siente y hace, o plantea preguntas que permiten contemplar la situación desde una perspectiva diferente.

No juzga, no impone soluciones, no decide por la persona acompañada ni le dice cómo debe vivir su vida.

El protagonista del proceso es siempre el acompañado.

¿Cómo funciona el acompañamiento en organizaciones y empresas?

Las organizaciones están formadas por personas. Por eso, muchos de los problemas que aparecen en una empresa no se resuelven únicamente mediante procedimientos, estructuras o herramientas de gestión.

Mi trabajo consiste en acompañar a directivos, equipos y organizaciones para comprender mejor estas dinámicas y generar espacios de diálogo, reflexión y mejora.

Existe una condición fundamental: la implicación real de la dirección. Ningún proceso de acompañamiento organizacional puede producir cambios profundos si quienes lideran la organización no están dispuestos a participar, escuchar y asumir su parte de responsabilidad.

No creo en cambios cosméticos. Creo en procesos que ayuden a construir culturas organizativas más humanas, relaciones más saludables y un mejor clima laboral real.

¿Cómo es la primera conversación?

La primera conversación es gratuita, sin compromiso y orientada simplemente a conocernos.

Me contarás qué situación estás viviendo, qué te preocupa o qué te gustaría trabajar. Yo escucharé, preguntaré y te diré con honestidad si considero que puedo ayudarte.

No hay protocolos complejos. Hay dos personas que conversan para descubrir si tiene sentido caminar juntas durante un tiempo.

¿Cuántas sesiones son necesarias?

No lo sé antes de conocerte.

Cada persona, cada pareja y cada organización tienen necesidades diferentes. Hay situaciones que encuentran claridad en pocas conversaciones. Otras requieren un proceso más largo.

No creo en dependencias artificiales ni en procesos innecesariamente prolongados. El objetivo es que la persona gane claridad, autonomía y capacidad para avanzar por sí misma.

¿Se puede realizar online?

Sí.

Trabajo preferentemente de forma presencial en San Sebastián y Gipuzkoa, pero también acompaño online a personas y organizaciones que residen en otras ciudades o países.

La experiencia demuestra que, cuando existe compromiso y disposición por ambas partes, el acompañamiento online puede ser tan valioso como el presencial.

¿Cuánto cuesta?

Los honorarios dependen del tipo de acompañamiento, la duración y si se trata de una persona, una pareja, una familia o una organización.

Prefiero hablar de ello después de una primera conversación, cuando puedo comprender mejor qué necesitas y valorar si realmente puedo ayudarte.

La transparencia forma parte del proceso desde el primer momento.

¿Qué se espera de mí como persona acompañada?

Fundamentalmente honestidad, compromiso y disposición para actuar.

Honestidad para hablar de lo que realmente ocurre. Compromiso para dedicar tiempo y energía al proceso. Y disposición para mirar la propia realidad y asumir los cambios que puedan ser necesarios.

No se espera perfección. Se espera voluntad sincera de avanzar.

¿Qué ocurre si decido no continuar?

El acompañamiento es siempre libre y voluntario. Nadie está obligado a continuar un proceso que ya no considera útil o adecuado para su situación.

Toda relación de acompañamiento se desarrolla dentro de un marco de acuerdos y compromisos previamente establecidos, que ambas partes se comprometen a respetar.

El objetivo del acompañamiento no es generar dependencia, sino favorecer que la persona gane autonomía, claridad y capacidad para seguir avanzando por sí misma.

Si has llegado hasta aquí, quizá ya tengas una idea más clara de lo que hago y de cómo trabajo.

Y quizá también te estés preguntando si este acompañamiento puede ayudarte a ti, a vuestra familia, a vuestro equipo o a vuestra organización.

La única manera de saberlo es conversar. Sin compromiso. Sin etiquetas. Sin respuestas prefabricadas. Simplemente comenzando por donde comienzan casi todas las cosas importantes: por una conversación.

Déjame acompañarte.

O, si sois varios los que compartís el camino, déjame acompañaros.